Dicen que el que anda con lobos, a aullar se enseña, o algo así, los refranes contienen sabiduría de viejos y filosofía cotidiana de uso efectivo. El refrán no tendría gracia si no doy la explicación de porqué lo digo, en posts anteriores hice un recuento de un par de aventuras que, inducido por el alcohol, me tocó traer a la vida en vez de escribirlas como libreto de un capítulo de Mr. Bean. Sin embargo, continuaré en esta ocasión con otras categorías que no me atañen a mí, sin embargo, he sido cómplice, confidente, soporte moral y auténtico admirador de otras historias que tengo el requetegusto de contar.
A este borracho lo llamaremos “El Drink Du Soleil”. Resulta que este amigo emprendió sabrosa tertulia que culminó en una ingesta barbarizada de alcohol aún viviendo en casa de sus padres. Como sus pobre fuerzas le permitían entró al inmaculado hogar sin hacer ruido y chancleando como buzo (eso sólo me lo imagino, no me consta, a mí me ha pasado y cuando tomo consciencia de ello, me acuerdo de cuando en la primaria me ponían a hacer “paso redoblado en su lugar”, pero esto es de mi cosecha), eso sí, se quitó los zapatos para no hacer ruido y optó por recostarse en la cama. Al igual que muchos otros borrachos que conformamos las legiones de beodos a nivel mundial y que luchamos por nuestro derecho por un rato de descanso, las distancias y las ubicaciones de las cosas se nos dificultan (en una ocasión un taquero me tuvo que poner el plato enfrentito de mí porque no podía atrapar al inmóvil recipiente, parecía que estaba espantando moscas), el problema fue que el objeto en cuestión, cuya proximitud no fue calculada, era la cama. Si usted, querido lector pensó que el hombre cayó al suelo, déjeme decirle que está muy equivocado, ya que, haciendo un perfecto arco, digno de un acto circense, o peor aún, sólo visto en Linda Blair, recostó una cuarta parte de su cuerpo en la cama (evidentemente de los hombros para arriba) mientras lo demás se mantenía erguido, toda una posición de yoga. Así pasaron horas mientras el hombre desafió las leyes de la gravedad y lo que es peor aún, la resistencia de su columna vertebral. Despertó como era de esperarse, con un dolor incalculable, inadmisible de rabadilla, pero ingresó al Salón de la Fama de la irreverencia.
En otra ocasión, saliendo de un entonces conocido antro, un compañero de borrachera, como es su costumbre, egresó del lugar acompañado de los guardias porque causaba gran revuelo la forma en que mezclaba el agua mineral con el refresco de cola, no en un vaso, sino en su cabeza, como uno de esos comerciales de Herbal Essences, pero en vez de decir “Oh yess” decía “Campechano!”. Creo que esa descripción le ha hecho famoso en varios lugares y quienes leen esto y le ubican lo habrán reconocido. A este borracho le llamaremos “Golem”, una figura mítica de un zombie en la tradición judía, no sólo por su estado de absoluta inconsciencia dentro de la consciencia, sino que lo único que repetía, era un bizarro lamento que rezaba: “consomé, consomé”. Yo he tenido antojo de muchas cosas, pero encontrar consomé de barbacoa a las 4 de la mañana en San Luis Potosí, era un reto. El hombre gritaba e invocaba el sustantivo a todo pulmón: “Consoméeeee, consoméeeeee”, además de que se puso violento se le ocurrió entrar corriendo a un hotel que se encontraba casi a un costado del lugar, se subió en los carritos de equipaje y los utilizó como patín del diablo mientras el lamento continuaba. Logramos sacarlo del hotel y luego lo perseguimos alrededor de un autobús de pasajeros foráneo que estaba afuera del edificio. Cometió el error de empezar a arrojar su pobre humanidad al cofre de todos los automóviles que estuvieran estacionados en pleno Centro Histórico eso nos dio la oportunidad de amagarlo, sujetarlo, domarlo, de haber tenido uno de esos aparatos que lanzan descargas eléctricas al ganado lo habría hecho, sin embargo corría el riesgo de crear un Frankenstein. Si se lo imaginó está bien, si no, le repito que seguía gritando como enfermo mental: “consomé, consomé”. Afortunadamente logramos aprehenderlo, como animal de granja lo arrojamos en el asiento trasero del coche, lo llevamos por el maldito consomé, y una vez que ingirió el primer trago, volvió a ser la persona civili… bueno… la persona que es.
Mi adorada zona huasteca también me tiene muchos recuerdos de otra categoría de borrachos, una amiga inaugura la categoría de “Borracho Dori”, cuya afección se caracteriza por la memoria a corto plazo y la reproducción constante de los momentos como disco rayado. El ron blanco hizo estragos en nuestro organismo y la alegre fiesta se llenó de ademanes compartidos que incluían el chocar las manos y jugar con la botella del dulce veneno. Siendo ésta última la ocasión, juntábamos las manos en torno del recipiente de vidrio al ritmo de la música, nada más que nuestra borracha en cuestión no consideró la importancia de abandonar el cigarro en el cenicero antes de continuar con la práctica mencionada, lo que me ocasionó una quemadura de figura redondeada y que me dejó una ampolla como el grano de la nariz de La Bruja Maruja en la mano que intenté atender con pedazos de hielo. Diez minutos después ella misma me preguntaba “¿Qué te pasó?”, a lo que respondí extrañado “Me quemaste”. Diez minutos después se repetía la pregunta. Y claro, diez minutos después incidió nuevamente en el cuestionamiento. ¿Recuerda la máquina de toques que mencioné en el caso pasado? Aquí también la necesité.
Algunos de estos casos deberían de presentarse en uno de esos programas sobre hechos misteriosos e inexplicables. En una visita a otro templo de diversión (por cierto, el mismo de donde mi amigo se convirtió en Munra el Inmortal hambriento de consomé) una cotidiana cita sabatina con los amigos no podía faltar. Había una cámara fotográfica y un par de botellas de brandy en la mesa. No creo que haga falta explicar que nuestra integridad física, intelectual, moral y lógica se vio transgredida y totalmente eliminada. Al salir del lugar, evidentemente con las luces ya prendidas, se me ocurrió comprarle flores a mis queridísimas amigas, como un gesto de caballerosidad (que no volveré a realizar por cierto), acción que pretendía ser un bonito detalle de amistad, sin embargo no tardé más que en pagar las 3 flores cuando les brotó el becerro que llevan dentro y las empezaron a masticar. Si, a masticar… (Detenga su lectura aquí, este espacio está dedicado a que lo imagine, lo asimile… sí, las estaban masticando, sólo tome 5 segundos, no vale la pena más, no sé si hubiera preferido un escupitajo en la cara o escuchar una canción de Ricardo Arjona en completo estado de sobriedad) cuando les reclamé, sólo soltaban carcajadas que retumbaban en Plaza Fundadores. Algo más bizarro fue que un amigo que nos acompañaba, decía que estaba teniendo relaciones sexuales con un Pointer Rojo (tome otros 5 segundos para imaginarlo, luego olvídelo, no lo guarde en su memoria) como yo era el conductor designado les llevé a su casa. Una cuadra antes de lograr llegar a su destino, me asustó un grito de mi copiloto que dijo: “!!!!Párateeeeee!!!!”. Asustado detuve el coche, pensé que había atropellado a un niño con insomnio que jugaba futbol a las 4 de la mañana, o a un señor panadero que se levantó temprano a amasar teleras, yo sé que no es lógico, pero eso pensé. Se bajó el individuo del auto, se asomó a la derecha, se asomó a la izquierda, miró debajo del carro y hacia el frente y me dijo “No viene nadie, ya puedes pasar” (Ahora tome 10 segundos… luego otros 5 para que conjunte los anteriores eventos en una sola noche) Un servidor no sabía si buscar la cámara escondida, porque no podía ser más que una broma, o comprobar si no era 28 de diciembre, o buscar unas letrotas que dijeran “Plop” como en los chistes de Condorito.
De estas narraciones extraordinarias hay muchas, pero si alguien se pregunta el porqué soy como soy, pues es por lo que le comento, lo que escribo en este blog. Lo único que me queda claro, es que necesito ese aparato de descargas eléctricas.
domingo, 28 de febrero de 2010
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3 comentarios:
Aportación cultural: en la calle Ricardo B. Anaya, detrás de la iglesia de la estrella, hay un puesto de tacos que vende consomé a altas horas de la noche...(el estrés y la incertidumbre por andar en aquellos rumbos a esa hora de la madrugada no vienen incluídos en el precio del consomé)
Mi querido Mau, de haberlo sabido antes otra cosa sería. Pero el estrés y la incertidumbre que comentas no era nada comparado con ver a un individuo que extrañamente poseído por el espírituo de Baco puede descender de un auto para eficientizar el tráfico que sólo existe en el mismo lugar pero 5 horas después. Yagamaista para tí.
jajajaja me resulta extrañamente familiar esa anécdota...
Yagamaista hermano
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